lunes, 3 de diciembre de 2012

Ante el pesimismo promovido por los medios, el optimismo de la voluntad de cambio.

Esta mañana hemos conocido los nuevos datos de Indicador de Confianza del Consumidor, difundido por el CIS, en el que se nos muestra el nivel generalizado de pesimismo en la población: un 64% de los ciudadanos considera que la situación irá a peor, al igual que un 60% de los encuestados, que consideran encontrarse en una situación económica peor.

Este pesimismo generalizado de la población española no es tan inocente como aparenta ser. Durante los sucesivos años de crisis económica los medios de comunicación han martilleado a la opinión pública con la estrategia del miedo y del pesimismo, haciendo ver a la población en su conjunto una visión de la realidad negra, sin más salida que el sacrificio colectivo para salvar un sistema que hace cerca de 80 años, demostró ser inviable con el crack del 29 y sus sucesivas (y cíclicas) crisis.

El letargo de una población que ha disfrutado de varias décadas de crecimiento económico, que a su vez se reflejaba en su nivel de vida, es incapaz de buscar una alternativa más allá del sistema capitalista y sus parches, especialmente desde la caída del bloque del este, y se empeña en mantener viva la esperanza de reconstruir el capitalismo, aún a costa de los brutales costes sociales que esto pueda tener, como las enormes tasas de paro, las familias deshauciadas de sus casas e incluso en el peor casos, un aumento enorme de los suicidios (al menos, en la crisis del 29, los que se suicidaban eran los especuladores, no los trabajadores).

Esta situación ha generado un estado de constante miedo en la población, que a lo largo de la historia se ha usado como un arma de dominación política y social que crea falsos escenarios de inseguridad social. Con esto no se pretende en ningún momento insinuar que la situación actual por la que está pasando gran parte de la población no sea difícil, nada más lejos de la realidad, sino que esta situación tan complicada, conviene a la supervivencia del orden establecido gracias a la estrategia del miedo.

Es la población en su mayoría quien está manteniendo este sistema agotado, debido al deseo imperante especialmente en la clase media de la sociedad, por volver a su nivel de vida. Desgraciadamente, esta situación es el caldo de cultivo perfecto para el racismo y la reacción, que ven en la clase media desposeída y recelosa, su base social, que no necesita más que un discurso populista para agarrarse al último clavo ardiendo.

Todo esto, añadido a la descomposición absoluta del movimiento obrero organizado, da como resultado un panorama ciertamente preocupante, pero si por algo se caracterizan las crisis, es por ser una etapa de cambios y revoluciones. Por todo esto, el título del artículo es una adaptación al tema que tratamos de la famosa cita de A.Gramsci, en la que nos incita a sobreponer "al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad".

Se hace imposible concluir este artículo sin remitirnos a otra cita, esta vez del maestro E.Galeano, en la que nos recuerda que: "La realidad es real porque nos invita a cambiarla, no porque nos obliga a aceptarla".

Autor: Abraham Mendieta Rodríguez


2 comentarios:

  1. Buenas.

    Si una sociedad controladora, y ciertamente lo es, le quita a la población todo lo que tiene esta sólo puede combatirla con algo de lo que no está en sus manos privarnos.
    La voluntad.
    Ante estas situaciones las personas necesitan que alguien les haga creer en sí mismos.
    Esta figura normalmente es un dictador. Pero si la necesidad de un dictador surge del panorama tétrico al que el capitalismo lleva a la sociedad; ¿ No es entonces el capitalismo responsable único de las dictaduras contra las que tanto lucha?

    P.D: Gran artículo y preciosas citas.

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  2. "El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." Esta frase de Don Arturo Jaretche, complemente tal vez aquella otra de Don Eduardo Galeano, con la cual se concluyó el artículo.
    Cierto es, que el sistema necesita de todas las herramientas a su alcance para perpetuarse como tal, y que, en momentos de crisis (del sistema) las herramientas a las que hecha mano, son las mas nefastas; desde el terrorismo mediático, hasta las guerras.
    No menos cierto es que, en épocas de "bonanza"; la idealización de haber alcanzado un nivel de vida "capitalista" en grandes masas de la población, es una estrategia del sistema para reasegurar su base económica en tanto consumidores; como para reasegurar su base social, en tanto "ambiciones" que esa base social incorporará como naturales y vitales, y por las que luego, peleará por sostener y perpetuar en forma individual si el sistema "necesitara" excluir algunos cuantos de ellos.
    La mirada, entiendo debería ser puesta en cuales son los mecanismos sociales que hacen que una clase que aspira al ascenso social, junto a lo económico, incorpore aspectos culturales de la clase o estrato a la cual se pretende acceder. Es decir un estrato determinado de la sociedad, aspira a poseer recursos materiales similares a un estrato superior de la sociedad, pero no para tener una mejor existencia o calidad de vida, de acuerdo a sus patrones culturales; sino que incorpora los patrones culturales del estrato superior como parte de ese ascenso. En esos patrones culturales que incorpora está "anidado" el individualismo, el egosísmo, el etnocentrismo que, en muchos casos hace que veamos la realidad general, sólo desde nuestros patrones culturales, y no podamos comprender cual es el sitio que realmente estamos ocupando dentro del sistema a nivel global. ¿Cuánto de esto puede ser encontrado en la sociedad española de hoy? ¿Cuáles pueden ser los motivos que llevan a una sociedad a pensar que puede aspirar a un futuro con patrones culturales foráneos, cuando no ha sido capaz de cerrar su historia mas reciente de acuerdo a sus patrones culturales tradicionales? Son sólo preguntas que, en otras latitudes nos venimos haciendo sobre nuestras propias sociedades, en el afán de encontrar nuestro propio camino.

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